El
viajero del tiempo (Confesiones de un muerto)
¿De
qué dimensión has salido? No puedo evitar sentirme atraído por esa mirada
profunda, o preguntarme al menos a cual época perteneces, de qué arrogante
señor has dejado de ser sirviente o cuántos te han servido a ti.
Tampoco puedo evitar recordar cada uno de tus movimientos, el aliento de tus labios, expidiendo ese sabor dulce llegando hasta mi cuello. Rodeándolo, probándolo con parsimonia, buscando algún secreto que esconden los cabellos sueltos que el tiempo me ha impuesto.
¿Qué podría ser más precioso que la ausencia de sentimientos, pero hacerte al mismo tiempo inolvidable? Si me das a elegir, me enlisto a las filas de Saladino, o lucho por una fe que he encontrado entre tus muslos, la cual quema, pero al mismo tiempo engullo gozando de su sabor.
Y aún así, no te encuentro entre mis sábanas, rodeada de estos brazos tercos a los que perteneces, pero qué se le puede hacer, los momentos íntimos duran lo que un suspiro y aunque a gritos te llamo, no hay guitarra que pueda acompañar esta desgarrada voz, desde un orden impuesto, pues has logrado darme paz.
Como siempre, admiro lo que tu cuerpo puede lograr, si con él has unido naciones, imagina entonces qué hace cuando te pruebo, silencioso, acompasado. Inevitablemente mis ojos observan la letanía atrapada en tu respiración, si tan solo pudiera oírte rezar por tus dioses muertos y gozarte en cada Pater Noster.
Es inevitable, lo siento, mi mente viaja tan rápido gozando de los pliegues de tu cuerpo, cada bello recuerdo que se depositó bajo las yemas de mis dedos, el gemido agotado y el llegar tremebundo que gritabas en mis oídos. No te culpo, el dolor es inevitable, el amor es una filosa espada que penetra hasta hacernos sangrar y yo, no pude más que malograr nuestros besos.
Tampoco puedo evitar recordar cada uno de tus movimientos, el aliento de tus labios, expidiendo ese sabor dulce llegando hasta mi cuello. Rodeándolo, probándolo con parsimonia, buscando algún secreto que esconden los cabellos sueltos que el tiempo me ha impuesto.
¿Qué podría ser más precioso que la ausencia de sentimientos, pero hacerte al mismo tiempo inolvidable? Si me das a elegir, me enlisto a las filas de Saladino, o lucho por una fe que he encontrado entre tus muslos, la cual quema, pero al mismo tiempo engullo gozando de su sabor.
Y aún así, no te encuentro entre mis sábanas, rodeada de estos brazos tercos a los que perteneces, pero qué se le puede hacer, los momentos íntimos duran lo que un suspiro y aunque a gritos te llamo, no hay guitarra que pueda acompañar esta desgarrada voz, desde un orden impuesto, pues has logrado darme paz.
Como siempre, admiro lo que tu cuerpo puede lograr, si con él has unido naciones, imagina entonces qué hace cuando te pruebo, silencioso, acompasado. Inevitablemente mis ojos observan la letanía atrapada en tu respiración, si tan solo pudiera oírte rezar por tus dioses muertos y gozarte en cada Pater Noster.
Es inevitable, lo siento, mi mente viaja tan rápido gozando de los pliegues de tu cuerpo, cada bello recuerdo que se depositó bajo las yemas de mis dedos, el gemido agotado y el llegar tremebundo que gritabas en mis oídos. No te culpo, el dolor es inevitable, el amor es una filosa espada que penetra hasta hacernos sangrar y yo, no pude más que malograr nuestros besos.