domingo, 23 de marzo de 2014

Pensamiento prehispánico



Desde siempre se ha dudado de la existencia de un pensamiento más profundo que se encuentre fuera de los cánones que se nos han obligado aprender a través de la cultura occidental.

 El trabajo de Miguel León-Portilla ha disipado algunas de esas dudas siempre enfocándose en la existencia de una filosofía prehispánica. En "El pensamiento Prehispánico" se observa una defensa a través del método histórico filológico y hermenéutico, me atrevería a decir.

Es fácil quizá ignorar un sistema de pensamiento que no comprendemos, sin embargo, no por ello quiere decir que no exista. Así mismo, estamos hablando de un artículo de una profundidad y dedicación que complementa los estudios del filósofo español y que se basa rigurosamente en fuentes más cercanas a los originales.
Lo interesante aquí, es como va desglosando las ideas e ilustrándonos a cerca de qué es el pensamiento filosófico, las principales características de este y la dificultad de comprenderlo desde nuestra visión occidental.

Me parece pertinente esta serie de divisiones o bloques de contenido en el texto los cuales ayudan a comprender lo que se nos dice contestando a manera de preguntas sobre nuestros orígenes. Ciertamente, filosóficamente hablando y siguiendo una explicación que nos recuerda la mayéutica de Sócrates. Después de todo, lo hombres siempre hemos tenido dudas sobre nuestro pasado y futuro.

La conceptualización abstracta del pueblo prehispánico, equiparado con culturas como las orientales piden una conciencia del presente y la trascendencia mucho mayor de la que nosotros los occidentales tenemos: 
nos exige conocer nuestras raíces y manifestarnos ante todo aquello que nos impide llegar al saber.


Debido a una falta de lenguaje escrito, los pueblos prehispánicos guardaban su historia de memoria y a través de bellas imágenes en códices. El lenguaje y la comunicación del pensamiento para los pueblos indígenas era de suma importancia a pesar de no haber tenido una lengua escrita como la nuestra. Sin embargo, la compleja conceptualización que ellos tenían del mundo y las ideas han hecho difícil la traducción de muchos de los códices que podrían contestar las preguntas universales que se hace el hombre. Es justo también reconocer que a través de su historia, de su cultura en la concepción mitológica y cósmica, podemos comprender más de lo que nos querían decir y encontrar nuestro propio rostro.

Estudiar las flores y los cantos de los filósofos prehispánicos, es igual de apasionante que conocer a los filósofos occidentales incluso nos sirve para asimilar esas manifestaciones artísticas y de pensamiento, a sabiendas claro de que no son de primera mano. Es pertinente la descripción de los conceptos metafóricos que realiza León-Portilla puesto que así percibimos esos aspectos como parte de una filosofía. 

La labor del escritor y antropólogo es incansable, esperemos que futuras generaciones desplieguen nuevas muestras de este pensamiento único y estemos a la altura de las circunstancias, uniendo fuerzas para recordarnos nuestro rostro y nuestro corazón.



domingo, 9 de marzo de 2014

Generación X.1

Cómo les explico que los 90’s fueron los mejores años de la juventud, que ninguna otra creerá en esas historias que cuentan sobre la mejor etapa de la vida como nosotros, que pocos sabemos lo que realmente es pasar de un corazón herido a una noche de desenfreno.
Hoy en día, pocos son los que se enamoran, están más unidos al instinto animal, están más unidos a una concepción comercial de lo que es el amor, son la generación perfecta para las compañías de tarjetas que inventaron el día de San Valentín con la excusa de vender más tarjetas e impedir la inminente quiebra.
No, esta nueva generación que sobrevive se embaraza para salir en un reality show, convierte todo lo que toca en pura mierda. ¿Cómo estoy tan segura de ello? Fácil, esta generación es la generación que alardea saber sobre el mito de la caverna de Platón en su FB, le añade un hashtag y después se olvida de toda la mierda profunda que sacó de una imagen con un fondo de rosas. La ironía, es que hasta mi propia generación encuentra en esas imágenes  un significado y entiende, más no lo pervierte como los newbies.
Los noventas despojados del tabú son los nietos de los que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial; a los herederos de los viajes ácidos de los 60’s, de los manifestantes que pararon Vietnam en los 70’s, que somos ant todo, imbéciles hijastros de aquellos que murieron de SIDA en los 80’s  y sobrevivieron a toda esa ropa ecléctica y multicolor.
Hechos de las escenas sexuales vistas a escondidas desde las esquinas en los pasillos mientras nuestros padres o hermanos mayores veían películas como “Bajos instintos”, con la dignidad de quien te manda a dormir porque no debes ver eso, somos la generación que apuñalaría al policía con el pica hielo porque nos hemos visto frustrados y hemos sentido una avidez por la sangre que los más horribles villanos y temibles monstruos nos han obligado a sentir.
Somos la generación que le tiene miedo a los payasos, a los campamentos solitarios, a quedarnos dormidos y a los hombres con sombreros y sueter a rayas. Entramos sin querer en una odisea del terror que ahora nos causa risa, bueno, algunas cosas nunca cambian, los payasos siempre serán temibles y la hora del baño siempre trae un recuerdo agridulce.
Es esta pues, la generación que ya no creía en Santa a los 4 años, quienes decretaron que debían irse de casa porque eso te hacía mejor, tal como miles de muchachos lo hicieron en el mundo en la época del “power flower”.
En gran medida fuimos aquellos que vimos a nuestros ídolos musicales caer, aceptar que todo estaba mal y asistir a centros de rehabilitación, disolviéndose ante nuestros ojos como figuras a seguir y dándole la razón a nuestros padres de que su música no era buena influencia. Somos, y seguimos siendo, la generación que se revela y busca tatuarse, perforarse sin temer nada, pero sigue escondiendo estos actos de rebeldía de sus padres porque a pesar de ser tan malos, es por ello que guardamos el pica hielos debajo de nuestras almohadas, esperando el día en que tengamos que sacarlo y matar al payaso que busca matarnos desde los 5 años.
Los sueños malos se materializaron pero tenemos más miedo a llorar enfrente de extraños, a no saber sobre qué trata una canción del grunge, somos la generación que pistola en mano, pastillas en la otra nunca lograron quitarse la vida, somos la generación X,  sí, me incluyo a pesar de haber nacido en 1988, no es cualquier cosa, el no pertenecer a una generación u otra crea una grieta temporal ya que no siento para nada los deseos de socializar, tener hijos frutos del amor y manifestarme en pro de la vida como lo menciona Boschma.
Es cierto y es mentira a la vez, bienvenidos a la generación X.1 donde nos parece más lógico que "2+2 sea igual a 5"