Cómo les
explico que los 90’s fueron los mejores años de la juventud, que ninguna otra
creerá en esas historias que cuentan sobre la mejor etapa de la vida como
nosotros, que pocos sabemos lo que realmente es pasar de un corazón herido a
una noche de desenfreno.

No,
esta nueva generación que sobrevive se embaraza para salir en un reality show,
convierte todo lo que toca en pura mierda. ¿Cómo estoy tan segura de ello?
Fácil, esta generación es la generación que alardea saber sobre el mito de la
caverna de Platón en su FB, le añade un hashtag y después se olvida de toda la
mierda profunda que sacó de una imagen con un fondo de rosas. La ironía, es que
hasta mi propia generación encuentra en esas imágenes un significado y entiende, más no lo
pervierte como los newbies.
Los
noventas despojados del tabú son los nietos de los que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial; a los herederos de los viajes ácidos de los
60’s, de los manifestantes que pararon Vietnam en los 70’s, que somos ant todo, imbéciles hijastros
de aquellos que murieron de SIDA en los 80’s
y sobrevivieron a toda esa ropa ecléctica y multicolor.
Hechos
de las escenas sexuales vistas a escondidas desde las esquinas en los pasillos
mientras nuestros padres o hermanos mayores veían películas como “Bajos instintos”,
con la dignidad de quien te manda a dormir porque no debes ver eso, somos la
generación que apuñalaría al policía con el pica hielo porque nos hemos visto
frustrados y hemos sentido una avidez por la sangre que los más horribles
villanos y temibles monstruos nos han obligado a sentir.
Somos
la generación que le tiene miedo a los payasos, a los campamentos solitarios, a
quedarnos dormidos y a los hombres con sombreros y sueter a rayas. Entramos sin
querer en una odisea del terror que ahora nos causa risa, bueno, algunas cosas
nunca cambian, los payasos siempre serán temibles y la hora del baño siempre
trae un recuerdo agridulce.
Es
esta pues, la generación que ya no creía en Santa a los 4 años, quienes
decretaron que debían irse de casa porque eso te hacía mejor, tal como miles de
muchachos lo hicieron en el mundo en la época del “power flower”.
En
gran medida fuimos aquellos que vimos a nuestros ídolos musicales caer, aceptar
que todo estaba mal y asistir a centros de rehabilitación, disolviéndose ante
nuestros ojos como figuras a seguir y dándole la razón a nuestros padres de que
su música no era buena influencia. Somos, y seguimos siendo, la generación que
se revela y busca tatuarse, perforarse sin temer nada, pero sigue escondiendo
estos actos de rebeldía de sus padres porque a pesar de ser tan malos, es por
ello que guardamos el pica hielos debajo de nuestras almohadas, esperando el
día en que tengamos que sacarlo y matar al payaso que busca matarnos desde los
5 años.
Los
sueños malos se materializaron pero tenemos más miedo a llorar enfrente de
extraños, a no saber sobre qué trata una canción del grunge, somos la
generación que pistola en mano, pastillas en la otra nunca lograron quitarse la
vida, somos la generación X, sí, me
incluyo a pesar de haber nacido en 1988, no es cualquier cosa, el no pertenecer
a una generación u otra crea una grieta temporal ya que no siento para nada los
deseos de socializar, tener hijos frutos del amor y manifestarme en pro de la
vida como lo menciona Boschma.
Es cierto y
es mentira a la vez, bienvenidos a la generación X.1 donde nos parece más lógico que "2+2 sea igual a 5"
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