martes, 15 de mayo de 2018

Dolores O'Riordan, la musa nabokoviana


Durante todo este tiempo he tratado de estar alejada de los medios y redes sociales sobre todo del tema de la muerte de Dolores O’Riordan. Hay tantos artículos, memes, noticias y demás que lejos de parecer un homenaje rayan en la burla a través de la (única) canción con la que la esa gente se acuerda de ella: Zombie.

He visto también otros que hablan acerca del abuso que sufrió de niña, sus trastornos mentales que ello provocó y una sarta de boludeces que se quieren disfrazar de artículos intelectuales y con un punto de vista más profundo sobre ella, hoy que se cumplen cuatro meses de su último aliento, me permito publicar este trabajo.

Dolores traía en su nombre ya era un estigma, sus letras llevaban el estilo “nabokoviano” con la fuerza e inocencia que las caracterizaba.
Sin embargo, más allá del chisme mediático, Dolores, o más bien dicho The Cranberries fue una banda que llegó directo a mi sistema, se incrustó y me dejó percibir algo más que una moda o un grupo cool de los 90’s.

Recuerdo todavía la primera vez que escuché No need to argue. Era una grabación de una estación de radio que alguien le había prestado a mi hermana y que como toda su colección de cassettes, guardaba bajo su cama en un cajón de madera de pino y que, celosa de su adolescente autonomía, escuchaba en su walkman.  

De vez en cuando, por fortuna, ponía alguno de sus cassettes en el modular de la sala al hacer el aseo en casa. Había algo en esas letras que aún no comprendía pero que me llevaban al límite.
Yo me alucinaba frente al escenario cantando y haciéndome escuchar, con un vestuario impresionante, zombis putrefactos al estilo Romero y miles de personas aullando partes de la letra.

Era un sueño bastante común en los niños ahora que lo pienso (not) pero me lo guardaba puesto que no me gustaba compartir todo lo que pensaba o las cosas que imaginaba.

Años después mi hermana me confesaría que Ode to my family la ponía triste y yo me guardaría un secreto similar al analizar la situación en la que me encontraba.

Para mí, Dolores O’ Riordan no solo era la mujer que hacía tonos hipnotizantes que nos llevaban a través de lapsos de espasmos auditivos era la mujer que me mostró la canción que me ayudó a darme cuenta de que mis cuerdas vocales no daban para tanto, pero que sigo intentando asimilar hasta la fecha.

Era quién representaba con su música el enojo de sus eternas raíces irlandesas y captaba las emociones que la rodeaban con un grado superior (casi divino) de empatía.

Ella, mujer de fuerza devastadora, con una voz que desgarraba por dentro y te cubría con un manto de seguridad; me daba fuerzas para cantar a todo pulmón descargando así la rabia comprimida en formato .zip y momentos desagradables.

Por eso y más, gracias Dolores…

https://www.youtube.com/watch?v=Zz-DJr1Qs54

sábado, 12 de mayo de 2018

Katherine Hepburn: Spinster, sinister, mister.


Como gran fanática del cine dorado estadounidense, me siento inspirada por hablar hoy de Katherine Hepburn


Katherine la solterona por excelencia, era una mujer que inspiraba feminismo al actuar siempre en papeles fuertes o que dejaran marca.

 Por favor no la confundan con la niña de Breakfast at Tiffany’s, Peew, peew! para el que lo haga.
 (por favor no la confundan con la niña de Breakfast at Tiffany’s Peew, peew! para el que lo haga)



Al hacer su incursión en el teatro, se forjó de esa manera especial que penetra con un halo dorado sin margen de error.

Su personalidad siempre desafiante, la llevó a ser de las primeras mujeres en imponer modas propias para los hombres en la época y que desató críticas por haberse divorciado tan joven.


Jugaba siempre con los papeles que interpretaba y modificaba conciencias, retaba sistemas y robaba miradas con personajes que reflejaban su intrepidez.

Lejos de convertirse en un estigma para ella, la intrépida misionera en The African Queen supo rodear los peligros de los rápidos “hollywoodenses” y siempre salir a flote.

Hoy rindo homenaje a alguien que fue más que una cara bonita y que a menudo no aparece entre las memorias vintage de las revistas especializadas.

Por esto y más, feliz cumpleaños Kathy.