Durante todo este tiempo he tratado de estar
alejada de los medios y redes sociales sobre todo del tema de la muerte de
Dolores O’Riordan. Hay tantos artículos, memes, noticias y demás que lejos de
parecer un homenaje rayan en la burla a través de la (única) canción con
la que la esa gente se acuerda de ella: Zombie.
He visto también otros que hablan acerca del abuso
que sufrió de niña, sus trastornos mentales que ello provocó y una sarta de
boludeces que se quieren disfrazar de artículos intelectuales y con un punto de
vista más profundo sobre ella, hoy que se cumplen cuatro meses de su último
aliento, me permito publicar este trabajo.
Dolores traía en su nombre ya era un estigma, sus
letras llevaban el estilo “nabokoviano” con la fuerza e inocencia que las
caracterizaba.
Sin embargo, más allá del chisme mediático,
Dolores, o más bien dicho The Cranberries fue una banda que llegó directo a mi
sistema, se incrustó y me dejó percibir algo más que una moda o un grupo cool de
los 90’s.
Recuerdo todavía la primera vez que escuché No
need to argue. Era una grabación de una estación de radio que alguien le
había prestado a mi hermana y que como toda su colección de cassettes, guardaba bajo su cama en un cajón
de madera de pino y que, celosa de su adolescente autonomía, escuchaba en su walkman.
De vez en cuando, por fortuna, ponía alguno de sus
cassettes en el modular de la sala al hacer el aseo en casa. Había algo en esas
letras que aún no comprendía pero que me llevaban al límite.

Era un sueño bastante común en los niños ahora que
lo pienso (not) pero me lo guardaba
puesto que no me gustaba compartir todo lo que pensaba o las cosas que
imaginaba.
Años después mi hermana me confesaría que Ode
to my family la ponía triste y yo me guardaría un secreto similar al
analizar la situación en la que me encontraba.
Para mí, Dolores O’ Riordan no solo era la mujer
que hacía tonos hipnotizantes que nos llevaban a través de lapsos de espasmos
auditivos era la mujer que me mostró la canción que me ayudó a darme
cuenta de que mis cuerdas vocales no daban para tanto, pero que sigo intentando
asimilar hasta la fecha.
Era quién representaba con su música el enojo de
sus eternas raíces irlandesas y captaba las emociones que la rodeaban con un
grado superior (casi divino) de empatía.
Ella, mujer de fuerza devastadora, con una voz que
desgarraba por dentro y te cubría con un manto de seguridad; me daba fuerzas
para cantar a todo pulmón descargando así la rabia comprimida en formato .zip y momentos desagradables.
Por eso y más, gracias Dolores…
Por eso y más, gracias Dolores…