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domingo, 23 de noviembre de 2014

Pragmáticamente extraños

Pragmáticamente extraños
Diversos estudios se han realizado de acuerdo a la pragmática, sin embargo, la intencionalidad y las diferentes reglas de cortesías se hacen aún más difíciles de comprender si no se realizan los actos del habla en la lengua materna. Es por ello que tratar de explicar la pragmática para alguien de otra lengua se vuelve difícil, ya que interfieren varios factores culturales que hacen más difícil que un extranjero no logre completar la información de la misma manera que un hablante nativo.
No vamos a hablar sobre los elementos que componen la pragmática ni a enunciar los actos de habla de Searle, lo que se pretende con el presente ensayo es manifestar diferencias entre la manera en como un extranjero y un hablante del español entienden una misma situación.
Una de las situaciones más particulares es en el momento en que se pide algo en un centro comercial. Tenemos entendido que para ciertas situaciones y para ahorrarse tiempo y esfuerzo los extranjeros contestarán con “si” o un “no”, este comportamiento en una cultura como la nuestra nos hace  pensar que esas personas son frías o bruscas.
El valor que le damos a ciertas situaciones que están sobreentendidas y a las cuales sabemos cómo reaccionar nunca es el mismo que se le da en otras culturas. Un ejemplo de ello, es cuando un policía nos detiene y nos comienza a hacer preguntas sobre ¿por qué tanta prisa?, si tenemos nuestros papeles, etcétera, pero vemos al mismo tiempo que no escribe nada en el formato para multa es porque quiere que le demos dinero. Sin embargo, si esto le pasa a un extranjero, espera, la mayoría de las veces, que le den su multa, si es que el policía tiene razón e irse inmediatamente puesto que lleva prisa.
No acertará a comentar algo como “pa’ los chescos mi jefe” o en un caso aún más indirecto, a darle la mano con un billete de 200 pesos de por medio. No es que en sus países no existe la corrupción, debe existir por supuesto, pero no es tan común como aquí y además, pragmáticamente hablando la situación se maneja de otra manera.
¿De qué manera el extranjero puede aprender a lidiar con este tipo de situaciones? En primer instancia, existe un código de comportamiento en el que el policía tiene autoridad para mandar que detengamos el coche, en segunda trataremos, al menos si somos de la misma lengua, en este caso la mexicana, trata de dialogar con él, justificar nuestra acción y manifestar que estamos preocupados por la infracción de tránsito que acabamos de realizar (si es que así fue) y sobre todo, de mantener ciertas formas de cortesías con el oficial. Inclusive, aunque no hayamos hecho lo que dice el oficial, pueden existir casos de que con tal de no lidiar con el problema, le demos una “mordida”. Esto último, es impensable para un extranjero ya que tienden a reaccionar de manera agresiva si ven vejada su libertad y aún más, si se le acusa de algo que no cometió. Esto lo decimos desde nuestra perspectiva con personas del Norte de América con las cuales hemos estado en contacto y que se han quejado de situaciones como esta.
Otro ejemplo a una situación que pragmáticamente se les dificulta a los extranjeros, es el uso que le damos al diminutivo. Cuando hacemos una petición, manifestamos de acuerdo a lo que queremos una cercanía utilizando un diminutivo en forma de cariño para así ganarnos el favor de la otra persona. Esto es entendible en todas las culturas para alguien cercano a nosotros, ya sea miembro de la familia, amigos muy cercanos o la pareja misma. Sin embargo, en español, solemos expandirlo hacia cualquier desconocido.
Un caso típico es cuando un mexicano pide comida, la situación comienza desde cómo se le dice al lugar o cómo manifiesta que es la hora de comer.
Ej. :
a.-Ya es tarde ¿no?
b.-Va siendo hora de echarnos unos taquitos.
a.-Aquí a la vuelta hay una fondita y la verdad es que no tienen madre, te sirven con tu molito con arrocito y tus frijolitos.
b.- Se me hace agua la boca.
En el ejemplo anterior, la persona jamás preguntó si existía un lugar para comer, y menos de qué tipo era, pero en el discurso que comparten estas dos personas “b” entiende que es la hora de comer y que “a” prefiere un lugar donde la comida sepa rica y se sirva la típica comida de casa, situación que manifiesta utilizando el diminutivo.  El discurso manifiesta que la información se infiere de acuerdo a cómo reacciona el otro. Si el caso hubiera sido que la pregunta se le hubiera hecho a un extranjero, éste simplemente hubiera contestado “Si” puesto que está contestando la pregunta, y que en primera instancia, implica una confusión ya que al agregar el “no” está negando que así sea.
En el cierre del diálogo “b” manifiesta con una sola frase, por cierto, hecha, que está de acuerdo con su interlocutor. Esta frase sí se encuentra en otras lenguas como la inglesa al decir I’m salibating,  pero por alguna razón, cuando se les trata de explicar el sentido de la frase no lo captan en el primer momento. Y menos en una estructura como esta en la que el interlocutor jamás le preguntó si se le antojaba lo que había descrito.
“Encariñarse” con las cosas o con las gentes, ha sido una de las característica de nuestras convenciones sociales que heredamos de la lengua náhuatl, es por ello que a pesar de hablar español, en España no comprenden el uso del diminutivo ni lo ven como algo obligatorio, el contrario, el discurso que parecemos emitir, de acuerdo a su percepción es meloso y falto de practicidad. Sin embargo, si no utilizamos estas formas, sentimos que el discurso está incompleto y curiosamente, pareciera que no estamos diciendo todo lo que queremos decir ni educadamente.
Así mismo, al hablar y describir la comida de la forma que lo hace “a” el acto ilocutivo se lleva a cabo de una manera más concreta, es decir, que si en vez de contestar como lo hizo en el ejemplo, hubiera dicho solamente “Aquí cerca venden comida” no está dando toda la información que “b” indirectamente está pidiendo al hablar cariñosamente de la comida en sí, ya que implica que le gusta cierto tipo de comida y que además le gusta que sepa bien. “a” que está inmerso el un mismo código cultural, está dando información de más para manifestar que es mejor ir a ese lugar y no a otro aunque “b” no le esté pidiendo su opinión sobre el lugar, “a” se la ofrece y curiosamente, sin decir una palabra sobre el sabor de la comida, al menos no directamente, sino que lo hace utilizando otra frase hecha, típica del español mexicano y que volviendo a lo mismo, un extranjero no comprende al cien por ciento.
Dentro del discurso del mexicano, sabemos que algo “no tiene madre” porque está muy bien hecho o que manifestamos que es superior a lo demás, por lo mismo, el acto perlocutivo realizado por “b” se manifiesta de la manera en que lo hace, con la frase “se me hace agua la boca”.
Así mismo, si seguimos pensando en la continuación de este diálogo, podemos ver de manifiesto que “a” busca indirectamente conseguir la compañía de esa persona para la hora de la comida, porque si no fuera así, quizás no le hubiera comentado lo de la hora, ni le hubiera hablado sobre un lugar al que ya ha ido a comer y que además le gusta. Esto último también se sobreentiende por la manera en que se expresa.
Insertarse en la cultura, tiene que ver con entender ciertas formas discursivas, de eso no hay duda, el discurso en México se caracteriza por rasgos de camaradería, inclusive el hecho de tocar mucho a la otra persona es una forma de expresarle cariño o respeto, podemos imaginar que “b” cierra el diálogo, dándole una palmada en la espalda a “a” que esto se entiende  como un signo de aceptación de una invitación que ni siquiera fue realizada.
Es importante enseñar a los que aprenden una segunda lengua que aprender el comportamiento de los hablantes de la lengua, también se puede hacer si se “leen” las muecas y ademanes realizados por éstos. Sin embargo, no porque ellos imiten esas acciones, lograrán comprender el discurso ni tampoco insertarse, este proceso se genera de manera un tanto paulatina si los hablantes nativos observan que el extranjero entiende la situación y no simplemente imita lo que vio anteriormente.

Es por ello que la enseñanza de la pragmática es fundamental para hablar una segunda lengua, pues no hay manera más eficaz de aprenderla que a través de la interacción social real, algo que no tienen las clases de conversación en las que muchas veces, los estudiantes tienen un discurso pensado y siguen teniendo la presión de estar siendo evaluados por el profesor, en vez de sentirse libres de desenvolverse lo cual vuelve artificial este tipo de métodos.