La era de la deshumanización
Hablar de genocidio es deshumanización. Si algo
implementó la colonia durante su existencia fue la gestación de un nuevo
término con el cual llamar a ese acto que nos horrorizaba, que nos avergonzaba
ante nuestros ojos revolucionarios, pero que aún con todo ello seguimos
cometiendo a través de los años con guerras cada vez menos justificables.
Durante ese descubrimiento del otro como lo llama Todorov (Todorov,
1998, pág. 13) ,
hemos manifestado nuestro profundo deseo de destruirle, llevarnos a sus
mujeres, matar a sus hijos y devorar en el fuego su cultura. Luego de tanto
martirio, le hemos traído la colonización y sin embargo cuántos de ellos no
hubieran preferido morir antes que vivir tres siglos de furia contenida.
Pero el problema de enfrentarse contra
otro siempre ha estado presente en los proyectos de todas las culturas, los
mexicas avanzaban contra sus enemigos por el ensanchamiento de su imperio, tal
como lo hicieron los romanos y como lo hacen los imperios modernos en nuestro
tiempo.
Durante la época prehispánica, se
crearon las guerras floridas, la justificación era divina y cósmica.
Mascullábamos apenas un sentido de sacrificio por el bien común. ¿No ha sido
esta la justificación de las guerras más importantes del mundo? De qué manera
podemos enmendar la situación de nuestras aprehensiones sino a través de una
justificación divina, acaso ¿no ha sido esta la misma línea de todos los
hombres ambiciosos?
Con la Bulam Unam Sanctam la cual renovaba la
teoría teocrática hacia una visión en la que el papado, al ser la
representación de Dios en la tierra, implementaba el poder sobre lo espiritual
y lo material. Sin embargo al ser estos poderes autónomos uno del otro, el papa
Bonifacio VIII delega la “espada material” al emperador, con la condición de
que haga la voluntad de Dios y si desobedecía, el papado tomaba el poder de la “espada
material” de nuevo. Mientras estos preceptos se establecían, nuevos
descubrimientos que establecerían el
dominio de Portugal del Atlántico estaban en puerta.
No es hasta 1312
cuando los preceptos Agustinianos se ponen en práctica tras el descubrimiento
de las Islas Canarias, las cuales estaban pobladas por una especie de sociedad
que contaba con las técnicas y conocimientos del Neolítico, las cuales a pesar
de haber sido descubiertas por un marinero italiano al servicio de Francia,
fueron otorgadas a España por el papa Clemente VI 1334. España al encontrarse en recesión la pierde a
favor de Normandía, recobrándolas más tarde.
Si esta pequeña isla
representaba un desafío político, económico y social, también resultó en una
pugna que enemistó aún más a España y Portugal así como el posterior
descubrimiento de las islas Azores (1435) y Cabo verde (1446). Ante tal
desafío, el papa Alejandro VI dividió el mundo de polo a polo destinando cien leguas hacia el occidente a
España y cien leguas hacia la parte oriente a Portugal hacia 1493. Sin embargo
con el descubrimiento de América en 1492 y las noticias que se comenzaron a
esparcir del Nuevo Mundo, hizo que hacia 1494 se realizara el “Tratado de
Tordecillas” el cual extendió trescientas setenta leguas hacia el occidente el
dominio de Portugal.
La expansión europea
por el Atlántico suponía para los portugueses la oportunidad de encontrar una
manera más sencilla de comerciar y a su vez detener a los infieles quienes le
habían arrebatado a la iglesia católica parte de su poderío al conquistar
Constantinopla. En parte esta fue también una de las causas por las cuales se
hicieron todos los tratados enunciados arriba y que a su vez frustraron la
última cruzada pues toda la atención la atrajo la expedición de Colón.
Con el descubrimiento
de América, los preceptos agustinianos, bastante parecidos a la cosmovisión de
los mexicas respecto a la divinidad y su creación, constituía un dilema moral y
religioso para los españoles y posteriormente para los portugueses al
conquistar la pequeña parte al sur que les correspondía.
Si tenemos que “la
gracia no destruye la naturaleza antes la perfecciona” (Lagrange, 1995, pág. 550) principio formulado
por Santo Tomás, ¿de qué manera podemos justificar la conquista de España, tal
como Bernal Díaz del Castillo, Fray Bernardino de Sahagún, los mismos mexicas y
otros cronistas lo relatan? nos encontramos ante un orden natural roto. ¿Qué
fue entonces lo que hizo que el papado considerara de orden natural la
partición del mundo?
La teoría teocrática
de Tomás de Aquino se transfigura en una
arma de dos filos que en conjunto con la teoría teocrática robustecida y la sed
económica de Europa, particularmente España, convierte a América en el premio por excelencia, lo cual
trae consigo la conquista de casi todo el continente gracias a la astucia del
papado.
Ahora el problema era
justificar la conquista y todo lo que ello implicaba, una tarea difícil puesto
que en ningún momento los mexicas realizaron una guerra contra los españoles,
ni siquiera sabían de su existencia. El problema se hacía grande si se
enfrentaban como describe Cortés en sus Cartas
de relación a una civilización.
Justamente este sería el punto clave
para las intervenciones de la corona española en pugnas internas entre los
pueblos del recién descubierto continente, la solución es sencilla: Si deshumanizamos
al otro, nuestra consciencia estará más tranquila, animalizando su persona y su
forma de vida, manifestamos que somos superiores al otro, y ¿acaso no fue eso lo
que decían los mexicas de los otros?
La guerra justificada desde el pensamiento mítico guerrero que ideó Tlacaélel
era perfecta para mantener el poderío ganado en ochenta y nueve años por unos
devoradores de serpientes y alimañas. Era fácil llegar a este punto si se tiene
que de todos, ellos eran los que tenían la furia guerrera, porque es ingenuo
pensar que aún después de ser conquistados, el indígena sea pasivo y maleable como nos han hecho
pensar.
Son blanco fácil y una mano de obra
desechable si tomamos en cuenta que desde siempre se les dio el mismo trato de animales,
un buey quizá, era más valioso para el colono español que un indígena, porque
estos últimos siempre terminaban saliendo más caros de lo que se pensó en un
principio.
Como primera instancia, todo rasgo
filosófico fue borrado por atentar contra las enseñanzas religiosas, y los tlamatinime, durante esa última reunión
de 1524 (Sahagún, 2009) con los doce frailes
sabían que no había manera de hacerles cambiar de opinión, “nuestros dioses han
muerto” clamaban y no hubo ya luego de ese diálogo rastro de los sabios
indígenas sino códices que habrían de ser traducidos por hijos de conquistados.
Entre los elementos que caracterizan
estos coloquios, está la intención de los frailes por imponer la religión
católica como un régimen superior de cristiandad que recae directamente en lo
social, que si bien se manejaba de manera semejante entre los mexicas, no
logran llenar las expectativas de los mismos pues existen ciertas cuestiones
“milagrosas” de las cuales aún hoy en día muchos no están seguros.
Así es como comenzaban a ganar terreno y hacer creíble la
justificación del conquistador.
Así mismo, durante La controversia de
Valladolid, Ginés de Sepúlveda trata enérgicamente de manifestar que los indios
son animales y de justificar la violencia de los conquistadores como “el deseo
de Dios”, Sepúlveda, quien a petición
de los encomenderos defiende los derechos que les fueron otorgados
anteriormente da un discurso donde defiende de acuerdo a la teoría aristotélica
que enuncia que unos hombres nacieron para mandar y otros para obedecer, así
como la postura del “uti y abuti” de
los romanos. Esta teoría le sirve para enmarcar que de acuerdo a lo sucedido,
España en este caso podría hacer uso de los indígenas como le placiera ya que
por orden de su santidad Alejandro VI obtuvieron esa parte de América.
De lo anterior se desglosan cuatro argumentos
sobre actos realizados por los mismos que van desde crímenes contra las leyes
naturales debido a sus costumbres funerarias hasta los ritos y sacrificios
atroces cometidos.
Sin embargo, Fray Bartolomé de Las Casas
busca defender a los indígenas, ha encarado el fraude de las encomiendas puesto
que así fue como conoció a América, las encomiendas, gestantes de una idea
colonizadora, se fundan en instituciones
más no las respetan, nacen de la vileza
de los españoles, puesto que engañan a Isabel sobre el comportamiento de los
indígenas, explica a su vez. Pero la razón más alarmante la da cuando anuncia que
una guerra santa de esa naturaleza, es una falsa salvación de almas, puesto que
ellos no procuraban otra religión ni habían estado en contacto con las
religiones de Europa.
Estas controversias
fueron publicadas dos años después, concluyéndose que las encomiendas eran
negativas y que los indígenas no debían ser esclavizados, para lo cual De las Casas origina un desastroso
proceder: si bien ya no se utilizarán indígenas, alguien tiene que trabajar,
por lo cual comienzan a traficar africanos, un hecho del cual el obispo se
arrepentirá hasta el final de sus días.
Este punto de vista, hace que se discuta
la cuestión, sin embargo no la resuelve completamente, había muchos intereses
en juego; como dice Sartre, para los unos el privilegio y la humanidad son una
sola cosa; se hacen hombres por el libre ejercicio de sus derechos; para los
otros, la ausencia de derechos sanciona su miseria, su hambre crónica, su
ignorancia, en resumen: su infrahumanidad. (Sartre, 1987,
pág. 41)
Deconstruir el término deshumanización,
si tomamos en cuenta lo dicho al inicio es válido solo si pretendemos entender
realmente lo que esto significa. De acuerdo con el pensamiento europeo, una
sociedad tenía ciertas características, una de ellas es contar con un gobierno
y por ende con leyes que sean obedecidas por los súbditos o gobernados.
Como lo explica Todorov, el imperio
mexica era una sociedad sobreestructurada (Todorov, pág.
74)
se valora más el obedecer a las reglas que la vida de un solo individuo. Esto
es fácil de comprender si recordamos que las sociedades indígenas, no
importando que tan simples o complejas fuesen, se regían de manera comunal, de
manera que aquello que perjudicase a la comunidad debía ser extirpado de la
misma.
Parte de esa deshumanización, es
manifestar que no existía una filosofía, cierto es que al igual que la actual
cultura mexicana, pensar en el término filosofía es una noción occidental que
queremos sincretizar, sin embargo, que no pueda reducirse al concepto
occidental no quiere decir que no exista, está implícita en las manifestaciones
culturales que varios cronistas, antropólogos e historiadores se han dedicado a
investigar y documentar.
Estamos poco convencidos nosotros mismos
de que haya una filosofía en las distintas culturas indígenas, sin embargo
durante años antropólogos mexicanos y de diversas nacionalidades a nivel
América latina, e inclusive extranjeros, se han dedicado a realizar una extensa
investigación al respecto. No es de sorprender que se estén realizando tantos
estudios para definir una filosofía en Perú o se busque traducir los códices y
estelas que se han descubierto al paso de los años.
Si no dejamos de pensar como los
colonizadores nos dijeron que lo hiciéramos y a pesar de haber visto cómo se
trataba de dejar de lado un pasado que complementa nuestro presente, cómo
podríamos emanciparnos de las garras del neoliberalismo que tanto ha marcado al
mundo. Sabemos después de una Independencia y una Revolución que despertó la
rabia de los oprimidos, que la violencia no soluciona el problema de raíz sin
embargo, los progresos que se habían hecho se están olvidando o mejor dicho
ocultando, los nuevos programas escolares expulsan materias de vital
importancia y dejan a los jóvenes sin armas para debatir o sin ánimos de
investigar.
Acaso, ¿no es otra forma de
deshumanización dejar de lado la educación humanista? No estamos tan lejos de
ser simples títeres si, al ver que ciertas fórmulas hacen que nos apacigüemos
como ovejas solo procuramos nuestro bien común. Si bien el genocidio ya no es
un arma útil para la conquista, la deshumanización sigue en pie y sobre
nosotros, cada día, mientras ignoramos nuestro pasado, preferimos vivir nuestro
presente individualmente y tenemos terror de pensar en nuestro futuro.
Hegel ya había cuestionado la idea de un
solo concepto del conocimiento mediante sus ideas, las cuales fueron un eco que
llamó al Espiritualismo francés a manifestarse en contra del Positivismo, dónde
queda pues, la idea pluralista del
conocimiento si dejamos que asesinen nuestra ideas reprimiéndonos y
vendiéndonos una cultura para olvidar lo que nos hace diferentes y a la vez
universales. Tampoco es cuestión de resolvernos a vestir manta y buscar
nuestras raíces en un viaje astral a Teotihuacán, antes que nada, debemos tomar
lo que podamos de todo este conocimiento europeo y tal como lo hemos hecho
antes, mezclarlo con nuestros propios conceptos y desenterrar los viejos para
manifestarnos y crear una nueva visión de nuestra cultura, evitar el genocidio
de nuestras ideas y evitar el progreso de la era de la deshumanización de el otro que fuimos y el yo que somos hoy en
día.
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