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miércoles, 19 de noviembre de 2014

La era de la deshumanización

Hablar de genocidio es deshumanización. Si algo implementó la colonia durante su existencia fue la gestación de un nuevo término con el cual llamar a ese acto que nos horrorizaba, que nos avergonzaba ante nuestros ojos revolucionarios, pero que aún con todo ello seguimos cometiendo a través de los años con guerras cada vez menos justificables.
Durante ese descubrimiento del otro como lo llama Todorov (Todorov, 1998, pág. 13), hemos manifestado nuestro profundo deseo de destruirle, llevarnos a sus mujeres, matar a sus hijos y devorar en el fuego su cultura. Luego de tanto martirio, le hemos traído la colonización y sin embargo cuántos de ellos no hubieran preferido morir antes que vivir tres siglos de furia contenida.
Pero el problema de enfrentarse contra otro siempre ha estado presente en los proyectos de todas las culturas, los mexicas avanzaban contra sus enemigos por el ensanchamiento de su imperio, tal como lo hicieron los romanos y como lo hacen los imperios modernos en nuestro tiempo.
Durante la época prehispánica, se crearon las guerras floridas, la justificación era divina y cósmica. Mascullábamos apenas un sentido de sacrificio por el bien común. ¿No ha sido esta la justificación de las guerras más importantes del mundo? De qué manera podemos enmendar la situación de nuestras aprehensiones sino a través de una justificación divina, acaso ¿no ha sido esta la misma línea de todos los hombres ambiciosos?
Con la Bulam Unam Sanctam la cual renovaba la teoría teocrática hacia una visión en la que el papado, al ser la representación de Dios en la tierra, implementaba el poder sobre lo espiritual y lo material. Sin embargo al ser estos poderes autónomos uno del otro, el papa Bonifacio VIII delega la “espada material” al emperador, con la condición de que haga la voluntad de Dios y si desobedecía, el papado tomaba el poder de la “espada material” de nuevo. Mientras estos preceptos se establecían, nuevos descubrimientos  que establecerían el dominio de Portugal del Atlántico estaban en puerta.
No es hasta 1312 cuando los preceptos Agustinianos se ponen en práctica tras el descubrimiento de las Islas Canarias, las cuales estaban pobladas por una especie de sociedad que contaba con las técnicas y conocimientos del Neolítico, las cuales a pesar de haber sido descubiertas por un marinero italiano al servicio de Francia, fueron otorgadas a España por el papa Clemente VI 1334.  España al encontrarse en recesión la pierde a favor de Normandía, recobrándolas más tarde. 
Si esta pequeña isla representaba un desafío político, económico y social, también resultó en una pugna que enemistó aún más a España y Portugal así como el posterior descubrimiento de las islas Azores (1435) y Cabo verde (1446). Ante tal desafío, el papa Alejandro VI dividió el mundo de polo a polo  destinando cien leguas hacia el occidente a España y cien leguas hacia la parte oriente a Portugal hacia 1493. Sin embargo con el descubrimiento de América en 1492 y las noticias que se comenzaron a esparcir del Nuevo Mundo, hizo que hacia 1494 se realizara el “Tratado de Tordecillas” el cual extendió trescientas setenta leguas hacia el occidente el dominio de Portugal.
La expansión europea por el Atlántico suponía para los portugueses la oportunidad de encontrar una manera más sencilla de comerciar y a su vez detener a los infieles quienes le habían arrebatado a la iglesia católica parte de su poderío al conquistar Constantinopla. En parte esta fue también una de las causas por las cuales se hicieron todos los tratados enunciados arriba y que a su vez frustraron la última cruzada pues toda la atención la atrajo la expedición de Colón.
Con el descubrimiento de América, los preceptos agustinianos, bastante parecidos a la cosmovisión de los mexicas respecto a la divinidad y su creación, constituía un dilema moral y religioso para los españoles y posteriormente para los portugueses al conquistar la pequeña parte al sur que les correspondía.
Si tenemos que “la gracia no destruye la naturaleza antes la perfecciona” (Lagrange, 1995, pág. 550) principio formulado por Santo Tomás, ¿de qué manera podemos justificar la conquista de España, tal como Bernal Díaz del Castillo, Fray Bernardino de Sahagún, los mismos mexicas y otros cronistas lo relatan? nos encontramos ante un orden natural roto. ¿Qué fue entonces lo que hizo que el papado considerara de orden natural la partición del mundo?
La teoría teocrática de Tomás de Aquino  se transfigura en una arma de dos filos que en conjunto con la teoría teocrática robustecida y la sed económica de Europa, particularmente España, convierte a  América en el premio por excelencia, lo cual trae consigo la conquista de casi todo el continente gracias a la astucia del papado.
Ahora el problema era justificar la conquista y todo lo que ello implicaba, una tarea difícil puesto que en ningún momento los mexicas realizaron una guerra contra los españoles, ni siquiera sabían de su existencia. El problema se hacía grande si se enfrentaban como describe Cortés en sus Cartas de relación a una civilización.
Justamente este sería el punto clave para las intervenciones de la corona española en pugnas internas entre los pueblos del recién descubierto continente, la solución es sencilla: Si deshumanizamos al otro, nuestra consciencia estará más tranquila, animalizando su persona y su forma de vida, manifestamos que somos superiores al  otro, y ¿acaso no fue eso lo que decían los mexicas de los otros? La guerra justificada desde el pensamiento mítico guerrero que ideó Tlacaélel era perfecta para mantener el poderío ganado en ochenta y nueve años por unos devoradores de serpientes y alimañas. Era fácil llegar a este punto si se tiene que de todos, ellos eran los que tenían la furia guerrera, porque es ingenuo pensar que aún después de ser conquistados, el indígena  sea pasivo y maleable como nos han hecho pensar.
Son blanco fácil y una mano de obra desechable si tomamos en cuenta que desde siempre se les dio el mismo trato de animales, un buey quizá, era más valioso para el colono español que un indígena, porque estos últimos siempre terminaban saliendo más caros de lo que se pensó en un principio.
Como primera instancia, todo rasgo filosófico fue borrado por atentar contra las enseñanzas religiosas, y los tlamatinime, durante esa última reunión de 1524 (Sahagún, 2009) con los doce frailes sabían que no había manera de hacerles cambiar de opinión, “nuestros dioses han muerto” clamaban y no hubo ya luego de ese diálogo rastro de los sabios indígenas sino códices que habrían de ser traducidos por hijos de conquistados.
Entre los elementos que caracterizan estos coloquios, está la intención de los frailes por imponer la religión católica como un régimen superior de cristiandad que recae directamente en lo social, que si bien se manejaba de manera semejante entre los mexicas, no logran llenar las expectativas de los mismos pues existen ciertas cuestiones “milagrosas” de las cuales aún hoy en día muchos no están seguros.
Así es como comenzaban a ganar terreno y hacer creíble la justificación del conquistador.
Así mismo, durante La controversia de Valladolid, Ginés de Sepúlveda trata enérgicamente de manifestar que los indios son animales y de justificar la violencia de los conquistadores como “el deseo de Dios”, Sepúlveda, quien a petición de los encomenderos defiende los derechos que les fueron otorgados anteriormente da un discurso donde defiende de acuerdo a la teoría aristotélica que enuncia que unos hombres nacieron para mandar y otros para obedecer, así como la postura del “uti y abuti” de los romanos. Esta teoría le sirve para enmarcar que de acuerdo a lo sucedido, España en este caso podría hacer uso de los indígenas como le placiera ya que por orden de su santidad Alejandro VI obtuvieron esa parte de América.
 De lo anterior se desglosan cuatro argumentos sobre actos realizados por los mismos que van desde crímenes contra las leyes naturales debido a sus costumbres funerarias hasta los ritos y sacrificios atroces cometidos.
Sin embargo, Fray Bartolomé de Las Casas busca defender a los indígenas, ha encarado el fraude de las encomiendas puesto que así fue como conoció a América, las encomiendas, gestantes de una idea colonizadora,  se fundan en instituciones más no las respetan, nacen de la vileza de los españoles, puesto que engañan a Isabel sobre el comportamiento de los indígenas, explica a su vez. Pero la razón más alarmante la da cuando anuncia que una guerra santa de esa naturaleza, es una falsa salvación de almas, puesto que ellos no procuraban otra religión ni habían estado en contacto con las religiones de Europa.
Estas controversias fueron publicadas dos años después, concluyéndose que las encomiendas eran negativas y que los indígenas no debían ser esclavizados,  para lo cual De las Casas origina un desastroso proceder: si bien ya no se utilizarán indígenas, alguien tiene que trabajar, por lo cual comienzan a traficar africanos, un hecho del cual el obispo se arrepentirá hasta el final de sus días.
Este punto de vista, hace que se discuta la cuestión, sin embargo no la resuelve completamente, había muchos intereses en juego; como dice Sartre, para los unos el privilegio y la humanidad son una sola cosa; se hacen hombres por el libre ejercicio de sus derechos; para los otros, la ausencia de derechos sanciona su miseria, su hambre crónica, su ignorancia, en resumen: su infrahumanidad. (Sartre, 1987, pág. 41)
Deconstruir el término deshumanización, si tomamos en cuenta lo dicho al inicio es válido solo si pretendemos entender realmente lo que esto significa. De acuerdo con el pensamiento europeo, una sociedad tenía ciertas características, una de ellas es contar con un gobierno y por ende con leyes que sean obedecidas por los súbditos o gobernados.
Como lo explica Todorov, el imperio mexica era una sociedad sobreestructurada (Todorov, pág. 74) se valora más el obedecer a las reglas que la vida de un solo individuo. Esto es fácil de comprender si recordamos que las sociedades indígenas, no importando que tan simples o complejas fuesen, se regían de manera comunal, de manera que aquello que perjudicase a la comunidad debía ser extirpado de la misma.
Parte de esa deshumanización, es manifestar que no existía una filosofía, cierto es que al igual que la actual cultura mexicana, pensar en el término filosofía es una noción occidental que queremos sincretizar, sin embargo, que no pueda reducirse al concepto occidental no quiere decir que no exista, está implícita en las manifestaciones culturales que varios cronistas, antropólogos e historiadores se han dedicado a investigar y documentar.
Estamos poco convencidos nosotros mismos de que haya una filosofía en las distintas culturas indígenas, sin embargo durante años antropólogos mexicanos y de diversas nacionalidades a nivel América latina, e inclusive extranjeros, se han dedicado a realizar una extensa investigación al respecto. No es de sorprender que se estén realizando tantos estudios para definir una filosofía en Perú o se busque traducir los códices y estelas que se han descubierto al paso de los años.
Si no dejamos de pensar como los colonizadores nos dijeron que lo hiciéramos y a pesar de haber visto cómo se trataba de dejar de lado un pasado que complementa nuestro presente, cómo podríamos emanciparnos de las garras del neoliberalismo que tanto ha marcado al mundo. Sabemos después de una Independencia y una Revolución que despertó la rabia de los oprimidos, que la violencia no soluciona el problema de raíz sin embargo, los progresos que se habían hecho se están olvidando o mejor dicho ocultando, los nuevos programas escolares expulsan materias de vital importancia y dejan a los jóvenes sin armas para debatir o sin ánimos de investigar.
Acaso, ¿no es otra forma de deshumanización dejar de lado la educación humanista? No estamos tan lejos de ser simples títeres si, al ver que ciertas fórmulas hacen que nos apacigüemos como ovejas solo procuramos nuestro bien común. Si bien el genocidio ya no es un arma útil para la conquista, la deshumanización sigue en pie y sobre nosotros, cada día, mientras ignoramos nuestro pasado, preferimos vivir nuestro presente individualmente y tenemos terror de pensar en nuestro futuro.

Hegel ya había cuestionado la idea de un solo concepto del conocimiento mediante sus ideas, las cuales fueron un eco que llamó al Espiritualismo francés a manifestarse en contra del Positivismo, dónde queda pues,  la idea pluralista del conocimiento si dejamos que asesinen nuestra ideas reprimiéndonos y vendiéndonos una cultura para olvidar lo que nos hace diferentes y a la vez universales. Tampoco es cuestión de resolvernos a vestir manta y buscar nuestras raíces en un viaje astral a Teotihuacán, antes que nada, debemos tomar lo que podamos de todo este conocimiento europeo y tal como lo hemos hecho antes, mezclarlo con nuestros propios conceptos y desenterrar los viejos para manifestarnos y crear una nueva visión de nuestra cultura, evitar el genocidio de nuestras ideas y evitar el progreso de la era de la deshumanización de el otro que fuimos y el yo que somos hoy en día.