viernes, 7 de septiembre de 2012

Confesiones de un muerto


No creo poder imaginar un momento en el que la decepción o la frustración no hayan rondado la cabeza de los que me conocen. Cuando menos lo espero, mi comportamiento imita el de una pequeña turbulencia aérea, pero siempre saben que aterrizarán sanos y salvos en tierra o aunque sea chocando contra el mar.

Es probable también, que el momento de la ironía sea menos incómoda si no bebo entre sombras y aprendo de mis errores. Pero de qué sirve aprender a veces o tomar de tus maestros lo mejor y superarlos si cuando te dejan solo ya no tienes idea de cómo seguir adelante. Tampoco si aquello que has aprendido te vuelve vulnerable a las ideas y revuelven tu yo hasta ahogarlo en su propio ego.

Soberbia, qué es eso si no el fuego que se alimenta más fácilmente, qué es sino un pecado que no trae bien en grandes cantidades. Y con todo, cuanto tenemos la intención de cambiarlo, parece tan absurdo y es mejor seguir alejando a los que te quieren. A veces, parece que el universo no es suficiente y piensas tristemente que tu “yo” pertenece a otro lugar más lejano, casi inconcebible, absurdo y agreste. Podrías pensar que el alma tiene una razón de ser, ¿pero qué sería sino un engaño más?

Dentro de ciertas horas, durante ciertos atardeceres, la lluvia de ideas que se vierte es como el mercurio, y por más que quiero tomarlas entre mis manos escapan encapsuladas; opto entonces por patearlas y dejo que se las lleve la suciedad de la ciudad. Como un mal sueño, busco des lavarlas de mi memoria y prometo siempre crear cosas nuevas y compartir lo que sé, pero últimamente solo puedo desafiar con argumentos  agrios e indirectas tristes, con palabras hirientes y acciones que no llevan a algún lugar, con conductas impropias y sentimientos absurdos, con lágrimas fáciles y duchas frías.

Lo absurdo, ya no parece calmar las ganas de estallar, ni de amanecer con el cuerpo tibio. 
Sigo absorbiendo el mismo aire que antes, sigo cubriendo mis ánimos con máscaras raras, sigo evitando la ayuda porque ya no hay esperanza. 

Pero de quién es la culpa sino de los cadáveres que escondo en el closet, de mi consciencia e irresponsabilidad por tomar las riendas de una vida que se va desbocando poco a poco entre los prados de mis ideas.

No, ya nada parece tener sentido y el conocimiento parece no importar demasiado, ni llevarme a ningún lado, de qué sirve ser una persona con talentos y capacidad si solo son útiles para alejar a los demás y conocer  la amargura, si la vida no te sabe y encuentras absurdo todo cuando crees saber o para lo que eres bueno.

La locura no es la explicación a nada de esto, tampoco creo que la solución sea que alguien te escuche, ¿de qué sirve ser escuchado cuando eres capaz de inventar mentiras como esta y dejarles saber lo que quieren oír?

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