No puedo dejar de oler tu
nombre,
porque a cada trago mi alma se escapa
con tan solo pensarte.
Puedo sentirte a cada sorbo,
bajo esta piel
que te respira
y no deja de evocar tu presencia.
Y estas ganas de tocar cada
átomo
en cualquier dimensión
en la que tu esencia haya estado presente.
Sin embargo te has ido,
y ya
no estás entre mis CO2 para respirarte
hasta que los pulmones estallen
en un
frenesí indiscreto
que me permita dejar de soñarte.
Aún en tu no presencia,
dejo
de escribirte para soñar
con el próximo de tus cortos abrazos.
¿Serías tu quién
se presentó a mi habitación de noche?
entre destellos azules
y el magma que
expiraba mi cuerpo.
Antes de tenerte en mis
brazos
ya quiero, creo y siento perderte…
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