viernes, 19 de octubre de 2012

Pabellón 02


Te quiero del lado izquierdo, 
 del lado del corazón 
 dónde los murmullos duermen un sentimiento,
  inutilizando el fuego que consume este amor imposible 
 donde se esconde ese odio inexplicable hacia Neruda y los reclamos de Storni.

Lejos de saber cómo comportarme en tu presencia, 
 tiemblo y divago enormemente
 sin poder darle  sentido a lo que digo. 
-Actúa naturalmente- me reclamo, 
 pero no se puede pensar mucho
 cuando el hemisferio izquierdo te falla.

Dejar de pensar a oscuras nunca nos ha hecho bien, 
 el matiz es muy triste
 y ya no encuentro la manera de encender de a poco la hoguera del alma,
 sería absurdo pensarlo así,
 está por demás evitar esta combustión interna casi instantánea que provoca lo siniestro.

Del lado izquierdo te quiero, 
 para que sientas lo que primero se rompe,
 lo que primero estrujas sin compasión. 

Bendita ignorancia, bendito silencio, bendita timidez.
 Dices que tienes todo el tiempo del mundo para quererme,
 pero ya llevamos más de cien años 
                                                      y aún no sucede nada.

Tampoco  sé si pueda esperar otra madrugada, 
 si podré soportar el sentimiento tembloroso
 ese que busca escaparse por los labios resecos que tanto han besado. 
 Pero sigo esperándote, buscándote y a la vez escondiéndome de tu luz espectral.

Nuestras vidas son como fractales que nunca acaban 
 y se licuan entre espirales de claroscuros, 
 con todo,  sigo a la espera del fin
 dentro de este vórtice que se alimenta de sueños y madrugadas sin ir a dormir,
 inquieta como siempre en el balcón, 
 apretujando angustiosa mente el lado izquierdo.

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