Te quiero del lado
izquierdo,
del lado del corazón
dónde los murmullos duermen un sentimiento,
inutilizando el fuego que consume este amor imposible
donde se esconde ese odio
inexplicable hacia Neruda y los reclamos de Storni.
Lejos de saber cómo comportarme
en tu presencia,
tiemblo y divago enormemente
sin poder darle sentido a lo que digo.
-Actúa naturalmente-
me reclamo,
pero no se puede pensar mucho
cuando el hemisferio izquierdo te
falla.
Dejar de pensar a
oscuras nunca nos ha hecho bien,
el
matiz es muy triste
y ya no encuentro la manera de encender de a poco la
hoguera del alma,
sería absurdo pensarlo así,
está por demás evitar esta
combustión interna casi instantánea que provoca lo siniestro.
Del lado izquierdo te
quiero,
para que sientas lo que primero se rompe,
lo que primero estrujas sin
compasión.
Bendita ignorancia, bendito silencio, bendita timidez.
Dices que
tienes todo el tiempo del mundo para quererme,
pero ya llevamos más de cien
años
y aún no sucede nada.
Tampoco sé si pueda esperar otra madrugada,
si podré
soportar el sentimiento tembloroso
ese que busca escaparse por los labios resecos
que tanto han besado.
Pero sigo esperándote, buscándote y a la vez
escondiéndome de tu luz espectral.
Nuestras vidas son
como fractales que nunca acaban
y se licuan entre espirales de claroscuros,
con
todo, sigo a la espera del fin
dentro de
este vórtice que se alimenta de sueños y madrugadas sin ir a dormir,
inquieta
como siempre en el balcón,
apretujando angustiosa mente el lado izquierdo.
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